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NUTRICONSEJO: ¿PLÁTANO O BANANA?

NUTRICONSEJO: ¿PLÁTANO O BANANA?

A la hora de analizar la composición de un alimento, en primer lugar, hay que tener presente que un mismo alimento varia su composición en función de diferentes parámetros. Por ejemplo, el lugar, el método de cultivo, el clima o la época del año en que se produce, influyen en su composición final. En segundo lugar, una vez analizada la composición y desde el punto de vista del interés dietético-nutricional, hay que pensar qué parte de su composición tiene un interés significativo; aquellos nutrientes que por su cantidad (los que estén en mayor proporción) o calidad (por ejemplo si su proteína es de mayor o menor valor biológico), caracterizan el valor nutricional del alimento. En alusión a la cantidad, diferenciamos primero qué macronutriente (hidratos de carbono, proteínas o grasas) está en mayor proporción y hacemos lo mismo con los micronutrientes (vitaminas y minerales) y el agua. La fibra dietética (aquella parte del alimento no digerible pero muy importante por sus muy diversos efectos positivos demostrados) debe darse como un dato a parte. De igual modo, es importante destacar el perfil de ácidos grasos: grasa saturada, insaturada, poliinsaturada y trans. La cantidad de sal y azúcar sencillo (hidratos de carbono simples: fructosa, lactosa, galactosa…) también es un dato relevante. Las etiquetas nutricionales del `súper´, llevan una información similar a lo anteriormente dicho (no tan completa). Caracterizado el alimento, ya podemos hacer comparaciones (que nunca serán del todo exactas debido a que la información sobre su composición varía en función de los parámetros al principio dichos). Esta curiosidad cuanti y cualitativa nos debe interesar para atender ciertos casos: por ejemplo si recomendamos carne a una persona con problemas cardiovasculares, podremos restringir aquellas con más contenido en ácidos grasos saturados. Pero no nos confundamos, en general, las comparaciones son odiosas y la selección de alimentos debe regirse por grandes grupos: frutas, hortalizas y verduras, carnes rojas o magras, pescado blanco/azul, harinas- no refinadas y féculas, legumbres. ¿Cuáles? Los productos frescos y de temporada o congelados y/o envasados al natural. Hoy en día esto se consigue eliminado otros: procesados / conservas de todo tipo. Cómo se suele decir: lo mejor de comer fruta es que si lo haces no comes otras cosas.

ALGORITMO DE SELECCIÓN:

Rizar el rizo sería seleccionar entre alimentos parecidos; plátano o banana. Pues generalmente da igual. Pensando como hemos explicado:

1) Estoy comiendo fruta – no como de otras cosas – y está en su punto de madurez para ingerirse

2) Tengo algún problema fisiológico que se vea afectado por su composición – si el plátano o banana están verdes (tienen más almidón que cuando están maduras) pueden resultar indigestos y afectar negativamente a mis problemas gastrointestinales / Con la maduración, el almidón se transforma en azúcar sencillo pero no tiene un índice glucémico alto, no provoca una rápida subida de la glucemia: aptos si soy diabético con la moderación debida y recomendación del experto nutricionista.

3) ¿Podría obtener algún beneficio puntual? A lo mejor, su riqueza en potasio mejora mi úlcera si lo consumo con cierta regularidad o ayudan a no sufrir calambres tras la práctica deportiva.

4) ¿Existe alguna diferencia significativa entre ambas frutas que les haga interactuar con nuestro organismo de forma diferente? NO. Uno tiene un poco más de unos nutrientes y el otro de otros. ¿Afectará esto a mi dieta atendiendo al primer punto del algoritmo? NO. Como fruta y no entran otras cosas, ambos son ricos en vitaminas, minerales y fibra dietética. Son geniales.

RESULTADO: ¿qué te apetece? ¿plátano o banana?

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